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KILATES DEL CUBANO

Otro golpe a la mentira en las entrañas del monstruo

Otro golpe a la mentira en las entrañas del monstruo

Por Freddy Pérez Cabrera 

El libro Terrorismo de Estados Unidos contra Cuba: El caso de los Cinco, publicado por la editorial Common Courage Press, será presentado en varias ciudades norteamericanas, como parte de las actividades convocadas en el mundo para conmemorar el octavo aniversario del arresto de los Cinco, el 12 de septiembre de 1998, y los 30 años del Crimen de Barbados, ocurrido el 6 de octubre de 1976.

 

El texto es una compilación de ensayos escritos por Howard Zinn, Noam Chomsky, Michael Parenti, James Petras, William Blum, Saul Landau, Michael Steven Smith, Leonard Weinglass, Nadine Gordimer, Wayne S. Smith, y otros autores, y su edición estuvo a cargo de Salim Lamrani, investigador de la Universidad Denis-Diderot, de Paris, quien visitará los Estados Unidos, entre el 2 y el 12 de octubre, para la presentación de la obra.

 

Importantes personalidades, entre ellas el presidente del Gremio Nacional de Abogados Michael Avery, Michael Parenti, los reverendos Luis Barrios y Lucius Walker, Noam Chomsky, Peter Phillips y Leonard Weinglass, estarán presentes en la presentación del libro en la Universidad Estatal de Sonoma, Santa Rosa; el John Jay Collage; el Instituto Tecnológico de Massachussets, Boston; la librería Bluestockings, de New York, y concluye el 11 en la Universidad de Stanford, con la presencia del editor Salim Lamrani.

 

Según declaró Alicia Jrapko, quien trabaja en la organización de la gira, la idea es llevar la obra a nuevos sectores, a gente que no conoce la monstruosa injusticia que hoy se comete con los antiterroristas cubanos presos en cárceles del imperio.

 «El libro es excelente y revela las mentiras de la administración Bush al pueblo de los Estados Unidos sobre la llamada Guerra contra el Terrorismo en  relación con  Cuba», declaró la luchadora por los derechos de los Cinco, quien reside en California.  

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Canción y compromiso social con los pobres

Canción y compromiso social con los pobres

Por Luis Machado Ordetx 

 El trovador chileno Francisco (Pancho) Villa, por séptima ocasión en Cuba desde que la visitara por vez primera en 1997, vino el martes a Santa Clara, guitarra en mano,  y dio un concierto para patentizar que las voces y el reclamo unánime de los pueblos jamás se acallarán frente a las injusticias que se cometen en el mundo.Invitado por la fundación Guayasamín, concluye este sábado en La Habana, junto al cantautor Eduardo Sosa, una gira nacional que partió la semana pasada de Guantánamo y tuvo recitales en Bayamo, Manzanillo, Holguín, Santa Clara, Matanzas y Pinar del Río.   Aquí, a unos 300 kilómetros al este de La Habana, se unieron trovadores locales, como Leonardo García y Alaín Garrido, para compartir el escenario del Museo de Artes Decorativas, donde el sudamericano interpretó, entre otros textos, Canto del ángel, tema dedicado al fervor patriótico y humanista de Víctor Jara y Ernesto Che Guevara, dos paladines que continúan haciendo historia en el compromiso social de las generaciones de hombres de nuestras tierras del Sur.   Villa puntualizó que el hegemonismo y el ímpetu guerrerista, que se desata en el mundo con el beneplácito de las administraciones de los Estados Unidos, tiene que parar con la unidad de los pueblos, tal como ocurre en el cono sur latinoamericano, donde se fundamenta un baluarte por la solidaridad y la confianza mutua entre las naciones. El músico chileno, deudor de las mejores tradiciones artísticas latinoamericanas, recordó en más de una ocasión a Víctor Jara, asesinado en los primeros momentos de la sangrienta dictadura militar impuesta por Augusto Pinochet tras el golpe de estado de septiembre de 1973, y dijo que junto a Mercedes Sosa, Daniel Viglietti, Carlos Mejía Godoy, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Sara González, entre otros, forman parte del presente de trovadores que por muchos confines del mundo se dan cita para cantar en favor de la paz y la solidaridad.  

Imperdonables lastres investigativos

Imperdonables lastres investigativos

Por Luis Machado Ordetx

El rescate de la memoria documental, apuntada desde la oralidad o la investigación, y almacenada en un diccionario especializado —aun las insuficiencias técnicas, metodológicas, informativas y de omisiones—, se agradece, aunque deja mucho que desear, sobre todo por la integración histórica que abarca.
Tal es el caso de un libro que, desde el pasado año publicó la editorial Capiro: Diccionario de la Música Villaclareña, de la autoría de Giselda Hernández Ramírez, y que, con atractivo diseño, llama la atención de los lectores deseosos de puntualizar cualquier estudio sobre personalidades, hechos o instituciones relacionadas con ese tipo de creación o ejecución artística.
Sin ser émulo del Terminorum Musicae Deffinitorium, creado por Tictoris, y tampoco del Oxford de la Música, de Scholes, y mucho menos del enciclopédico Biográfico y Técnico, de Helio Orovio y del escrito por Alicia Valdés (2005): Con música, textos y presencia de mujer: Diccionario de Mujeres Notables de la Música Cubana, el concebido por Hernández Ramírez, tiene virtudes y defectos que, casi por desigual, se sustentan sobre una balanza.
Ese tipo de texto, donde suman años de bregar y sistematicidad investigativa, demanda del desempolvamiento de archivos y del testimonio oral y apreciativo de informantes y papelerías diversas.
Su valor: utilidad y síntesis precisa sobre la historia musical de una región, pero el tiempo y los recursos materiales resultan insuficientes y no agotan las posibilidades documentales que ofrecen las épocas y los hombres.
El Diccionario de la Musica Villaclareña peca de insuficiente en el rastreo investigativo, y diría que apela más al acontecimiento oral (de otros), que al probatorio localizado en programas, la prensa periódica, archivos estatales y privados, cancioneros y...
En la «Introducción a Villa Clara Musical» la autora apunta que «[...] las primeras referencias [...] datan del siglo XVII, y específicamente del año 1722...», y luego dice que los siglos siguientes sostienen esplendor, cosa no constatada en las páginas.
La carga explicativa del Diccionario..., reside, por lo general, en personalidades e instituciones musicales pertenecientes a la segunda mitad del pasado siglo.
Precisa la escritora que, ampliado, habrá una segunda edición del Diccionario..., y sugiere en ambas ocasiones de la aplicación de «[...] un conjunto de normas mínimas y de requerimientos como guías que permiten en un momento dado determinar qué se incluye y qué se excluye, sin que el criterio de exclusión tenga otra justificación que no sea científica».
Un Diccionario, por perfecto que sea, aún su metodología, recaba de renovación, por lo que entraña el hecho artístico, su mirada y alcance. No obstante, en las 206 páginas se reflejan figuras representativas de la trova tradicional, la cancionística, la pedagogía y la instrumentación, radicadas en Camajuaní, Sagua la Grande, Caibarién y…
Nombres como la Sociedad Coral de Sagua, las orquestas Hermanos Pérez, Hermanos González, Hermanos Daria, Valmar, y los conjuntos Balalaika y Caunabó —formado a principios de 1935 por mujeres de Camajuaní—, así como la agrupación femenina Melodías del Ayer, están ausentes.
Otros como el conjunto Septiminio de Abelardo Cuevas —con quien laboró Alejandro García Cartula—, y músicos de la talla de Fefa Menéndez, Ramón Castro Herrera, Pedro Martín Camps Palmero, Juan Payrol o la soprano Nini González, al parecer, no son conocidos.
Hasta el Orfeón y las Escuelas Corales que existieron en Santa Clara en la década de los 50 del pasado siglo, además de los aciertos de Rosa González Luján —directora de la antológica Rosita y sus Estrellas y RosiCuba—, junto al violinista Néstor Alejandro Palma Izaguirre, tampoco se mencionan.
Hay demasiados lastres en el Diccionario, pero sobresale por la información mínima reportada, para que, al menos, estudiosos o interesados en el tema, tienda, aún la intríngulis, adentrarse hacia asientos de mayor confirmación en las pesquisa investigativas.
 

La parranda, una fuente inagotable de cultura popular

La parranda, una fuente inagotable de cultura popular

Por Luis Machado Ordetx

Otras vez las festividades folklórico-tradicionales de Camajuaní, a más de 330 kilómetros al este de la ciudad de La Habana, y cerca de 60 mil habitantes, retoman los comentarios y la memoria, tras la publicación del libro Fieras broncas entre Chivos y Sapos —los dos barrios contendientes en esos encuentros culturales—, escrito por el investigador René Batista Moreno.Recién salido este año por la Editorial Capiro, en Villa Clara, el texto amplía indagaciones anteriores que realizó el autor en su territorio, principalmente en la recopilación publicada con el título de Las parrandas de Camajuaní: Cronología de carrozas, cantos de changüís, anecdotario humoríostico, perteneciente a 1979, fecha en que se culminó el estudio de esa festividad popular surgida aquí en 1894 tras los influjos artísticos legados por los residentes en San Juan de los Remedios, la Octava Villa de Cuba fundada por el Adelantado Diego Velázquez.La región del centro del país, desde su tronco fundacional en San Juan de los Remedios, dió lugar, a mediados del siglo xix, dio lugar a  importantes festividades interbarrios en zonas de San Antonio de las Vueltas, Placetas, Caibarién, Encrucijada, El Santo, Calabazar de Sagua, Quemado de Güines, Guayos, Mayajigua, Chambas, Punta Alegre y Morón, por citas algunos territorios donde la parranda crece por años.Dice el historiador Juan Manuel García Espinosa en su libro Parranda y Chambelona, editado en 1982, que los primeros balbuceos, por organizar ese tipo de fiesta en Camajuaní, parten de 1890, cuando por vez primera en el periódico local El Número 13 —dirigido por el patriota José Vidal Caro—, se menciona en una gacetilla la voz parranda: «Puntos, parrandas, guitarras, &. &.», demarcando un bullicio constante de pueblo.La prosperidad económica de Camajuaní creacía, a finales del siglo antepasado, sobre todo por la producción azucarera y muelera, dice García Espinosa, y refiere una cronología mínima de las festividades, retomada y ampliada en un texto y otro por Batista Moreno, quien también incluye otras aportaciones testimoniales y una vasta documentación factográfica que calza lo apuntado en letras.En Fieras broncas..., los encontronazos folklóricos entre los barrios contendientes, los Chivos y Sapos, lleva implícito anecdotarios que van desde los modos en que se fomenta la parranda, sus cantos, vestuarios, carrozas de gran alcance, hasta publicaciones, recogidas todas en un volumen de unas 180 páginas.Batista Moreno, acusioso investigador, y dicharachero por excelencia, con más de 60 años de vida, recoge, al igual que García Espinosa, el año 1906 como la primera vez en que acordó celebrar la parranda el 19 de marzo, fecha del Santoral Católico dedicado a San José, patrono de la localidad.De allá acá, salvo raras excepciones en el siglo pasado —siempre asociado a contiendas bélicas, crisis económicas, represión militar o defensa popular de las conquistas del pueblo—, la parranda se suspende en su conmemoración acostumbrada.Hasta el 2005, el pasado año, está la referencia cronológica contenida en el reciente libro de Batista Moreno, a la vez que incluye un profuso anecdotario de los parranderos —el grueso fundamental de la investigación—, principalmente en personas que vivieron en Camajuaní durante la primera mitad del siglo pasado, y luego retoma declaraciones de hombres que fungieron como «cabezones» encargados de hacer divertir a la gente que figura como observador.Batista Moreno incluye una transcripción musical de algunos cantos tradicionales de los barrios Chivos y Sapos, y remata su libro con el acápite de «Carrozas por año», donde detalla el tema y los motivos principales que motivaron desde su surgimiento en 1894, hasta el 2005, las construcciones arquitectónicas y estructuras humanas que conforman las carrozas, y remata con un acuse de toda la bibliografía utilizada.Sin duda, junto a las celebraciones de San Juan de los Remedios, las realizadas por año en Camajuaní, alcanzan una significativa dimensión cultural, como colofón del acervo folklórico tradicional contenido en la imagineria popular a la hora de conformar escenarios en que se mueven los hombres por hacer historia y reconstruir episodios de la literatura o el arte universal.  En esos espacios, en Fieras broncas entre Chivos y Sapos, revelan a Batista Moreno como un redescubridor, a partir de la papelería y el testimonio de los camajuanenses, para reconstruir su principal plaza cultural: la parranda a lo largo del tiempo pasado, el presente y el futuro.  

 

Alertas imperecederas de Martí

Alertas imperecederas de Martí

Por Luis Machado Ordetx

Desde el arribo a Playitas de Cajobabo y, casi seguro, después de disfrutar de la limpia arena que las olas del mar bebían a su antojo, Martí, junto a sus acompañantes, percibió, con una certeza incontenible «[...] los cantos del gallo con que se simboliza el triunfo...»[1], para afianzar el camino en la lucha por la independencia, esa en que se iría hasta la vida.Como Delegado del Partido Revolucionario Cubano venía a combatir en calidad de soldado, y a los pocos días del 11 de abril de 1895, es sorprendido con la envestidura del cargo de Mayor General del Ejército Libertador.Desde entonces asume posiciones, no sólo para despojar del suelo patrio al dominio español, sino también preservar e impedir cualquier intento de los Estados Unidos de intervenir en asuntos que nada más competía a hombres de esta tierra.En él, hombre de pensamiento, afirmó que «[...] El mundo despierta una sed que sólo la muerte apaga. El hombre que conoce bien el mundo cae en la muerte, como un trabajador cansado cae en los brazos de su esposa».[2]Es 18 de mayo, el río Contramaestre está crecido desde días antes que una bala lo fulmine en pleno campo insurrecto. Allí, entre matorrales, Martí escribe con vehemencia incalculable a Manuel Mercado: «[...] ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber —puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo— de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América...».[3] Como un zig-zags (sigamos adelante), palabras que puso en uso el cubano Rafael María Merchán, lo conminan a desandar en defensa de la Revolución continuadora del 68.Dialoga al respecto con George Eugene Bryson, el corresponsal de The New York Herald, sobre las razones que lo inspiran para enarbolar la guerra, y también alerta, como el sabio oteador al que nada escapa. No es la primera vez que habla de la amenaza latiente. Mucho antes de sentir en Norteamérica, como emigrado, periodista y conspirador, palpa con exactitud las veleidades de esa sociedad capitalista, sus apetencias expansionistas y el ámbito guerrerista en que se mueven intereses mezquinos de las sucesivas administraciones.En México, 1875 el pandillerismo que está en torno a Porfirio Díaz, lo hacen retomar el contorno de Centro y Sudamérica, hasta a principios de 1880 se instala en Nueva York y el mundo se mira con ojos más audaces y previsores.                  ESTEREMECIMIENTOS EN NORTEAMÉRICANo quedan acontecimientos, historias de hombres, escrutamientos de la realidad y la vida pública que no sean reconstruidos por Martí para los principales periódicos sudamericanos, en especial La Nación, de Buenos Aires, donde aguardan por artículos, crónicas, ensayos y…Escribe de todo lo que ve, y no se permite un instante en el reposo y la tranquilidad. Es febrilidad en la observación del desenvolvimiento de una sociedad que transita en los umbrales del capitalismo monopolista y las crisis que lo someten.Al amigo Serafín Bello le testimonia el 16 de diciembre de 1889 que apareció «[...] la hora de sacar a la plaza su agresión latiente»,[4] para referirse a los Estados Unidos. Ese año toca la idea del equilibrio del mundo desde una óptica reflexiva de los latinoamericanistas.Cuatro años antes, para La Nación, recuenta: «[...] Presidente de un país libre contra el derecho de su país, y el del ajeno; Grant, que tenía apetito de marcha, permitió e imaginó. El miraba con ansia al norte inglés; al Sur mexicano; al este español; y solo por el mar y la lejanía, no miraba con ansia igual al Oeste asiático.Marcaba fronteras cuando marcaba en silencio su tabaco. La silla de la Presidencia le parecía caballo de montar; la Nación regimiento; el ciudadano recluta...No era de los que se consuelan en el amor de la humanidad, sino de los que se sientan sobre ella...»[5]Ulises Grant, el General, el Presidente, murió en Moont Gregor, de cáncer en la garganta, el 23 de julio, y el 3 de agosto, Martí reseña el suceso. ¿Acaso, desde mediados del siglo pasado no se mantiene inalterable el sentido expansionista y militarista de las administraciones norteamericanas? ¿Cuba, desde comienzos de 1823, no ha estado en la ruta de los elegidos de Norteamérica para poseer sus tierras? La historia no miente, y tiende a reiterarse con enconada osadía imperial y de rapiña.Diría que «[...] esta vida del Norte, ejemplar hasta en los mismos vicios. Aquí, como en todo cuerpo social, los pobres aspiran a la justicia, los ricos al abuso, los perezosos a las holganza, los empleados a la perpetuidad, los políticos al despotismo, los sacerdotes a la agorería...».[6] ¡Qué retrato de actualidad a una sociedad que se remueve en sus cimientos! A 111 años de la muerte de Martí, ahora el presidente Bush reemprenderá nuevos ataques de filibustero contra Cuba.Pero con Martí «[...]De vez en cuando es necesario sacudir el mundo, para que lo podrido caiga a tierra[7]                         DEFINICIONES HISTÓRICASCuando en Estados Unidos se debaten leyes contra los emigrantes, y se mantienen latientes las firmas de tratados de libre comercio, las prepotencias y el militarismo a escala internacional, continúan con constantes amenazas.
 Habrá tanto egoísmo y miseria humana en el rostro de una administración. Sí, en la de Bush, porque el cinismo corroe su piel, no solo en prepotencia e injuria, sino también en protección a terroristas.
Un agridulce ambiente parece ofrecer ese país. Como un oximoron [Democracia norteamericana, Derecha siniestra, Capitalismo de Estado, Fuerza de paz, Ejército pacificador, Guerra humanitaria, Guerra santa, Génesis apocalíptico, Guerra preventiva, Xenofobia moderada y…].
Todo se lanza al ruedo.
El 15 de marzo de 1887, Martí para La Nación, de Buenos Aires, escribe, en el momento de instaurarse el 49 Congreso de los Estados Unidos de Norteamérica:
«[…] Tiene en mente gigantescas obras de defensa que proyectan contra enemigos soñados e invisibles…»
Ahí está la clave de todo un país. Fijen bien la fecha, 1887: «…ENEMIGOS SONADOS E INVISIBLES», eso tiene Estados Unidos en el mundo, para desatar la guerra en cualquier parte, al costo de la vida, no solo de sus soldados, nacidos en tierras norteñas, sino también sobre los hombros de cientos de miles de emigrantes que, enfebrecidos por los «beneficios económico-sociales» que pregona el U.S. ARMY.
Los Tiempos  que Martí alertó, al paso de más de un siglo,  parecen repetirse en el «legendario oximoron de George W. Bush», el presidente norteamericano.     


[1] José Martí (1975): Obras Completas, tomo 11, pp. 110, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana 
[2] Idem, p. 164.
[3] Op. cit., tomo 4, p. 167.
[4] Op. cit., tomo 1, p. 255.
[5] Op. cit., . tomo 13, p. 81.
[6] Op. cit, tomo 11, p.255
[7] Idem, p. 242

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Bobby Carcassés incita al jazz

Bobby Carcassés incita al jazz

Por Luis Machado OrdetxEl Gurú del afrojazz cubano, como considera la crítica internacional a Bobby Carcassés, vino a Santa Clara para prender una «chispa» en los  músicos y animadores culturales de su ciudad, Santa Clara, y revivir a la par los tiempos de adolescencia, cuando irrumpió en los escenarios teatrales, allá por 1956.La semana pasada, la fortuna del olvido involuntario de los materiales concebidos para una exposición personal y la imposibilidad del viaje de los músicos acompañantes, ofreció al público que asistió a la sede de la UNEAC, un modo y una forma particular de captar a Carcassés en cualidades de inusual pintor, integrador de talentos artísticos y ameno disertante sobre temas que domina a la perfección: el jazz y la inclusión de los ritmos cubanos.Nadie como ese showman, con su personalidad polifacética, para adentrarse en ese tipo de música surgida en el sur de los Estados Unidos, y enriquecida por el estro natural Luciano Chano Pozo, el percusionista cubano, cuando se vinculó a la banda de Dizzy Gillespie y Charlie Parker, con el propósito de delinear un estilo y una manera de encarar las improvisaciones en las secciones y formatos de las jazz-band.En la instalación cultural —pintó in situ—, mostró su Concierto virtual, con ocho originales dibujos que recrean una fértil imaginación relacionada con las posibilidades estilísticas y las formas de los instrumentos musicales, y no menos interesante resultó la conferencia relacionada con la «Inspiración en el jazz y la expresión cubana», vista desde la ejercitación y el conocimiento de las técnicas orientalistas del arte y la meditación Yoga, muy válidos en la respiración, la gimnasia básica, el campo electromagnético y la energía espinal.El mayor lucimiento lo cobró cuando invitó a músicos villaclareños a la realización de una descarga nocturna, y allí, junto a su fliscornio y la finura de la voz carrasposa, estuvo acompañado —en las secciones de piano,  cuerdas, percusión y viento metal—, por jóvenes deseosos de rememorar los tiempos en que el maestro Armando Romeu arribaba, sin que algunos lo esperan, a  Santa Clara y plantaba el atril y la batuta en los espacios locales.Todavía aquí se recuerdan aquellos aires renovadores de la Orquesta de Música Moderna, dirigida por Jesús Chú Rodríguez y asesorada por Romeu, así como los instantes fundacionales de los 80, con Raíces Nuevas y el inconfundible Pucho López o la sucesiva  formación de músicos de valía desperdigados en la actualidad por importantes agrupaciones cubanas o foráneas. La estancia de Bobby Carcassés en Santa Clara, y el sentido de su jazz timbero —título homónimo del CD que grabó en 1997 junto a destacados instrumentistas cubanos, incluidos Chucho Valdés, Changuito Quintana, Pancho Terry, Descember Bueno y...— dejó una huella tras la conclusión del recital que dio aquí el sábado pasado: organizar una peña informal que fusiones a talentos jóvenes surgidos o no en centros artísticos para que el género cobre vida entre nosotros.Las improntas jazzísticas tendrán que venir, dijo el músico durante un aparte, al elogiar la calidad del desempeño  de Roberto Pérez Eslezgaray, guitarrista y  sampling insustituible por su vocación artística cuajada en estos predios,  y de colofón sustentó que su concurso y animación están abiertos para plantar un «refugio sui géneris», donde el swing o el bop se enaltezcan con la inspiración y la sensiblidad clásica y contemporánea del género, captada desde la óptica de lo cubano.Tal posibilidad confirmaron estos músicos villaclareños «insertados  ahora en el acompañamiento de mi fliscornio», precisó Carcassés, dotado de las cualidades del scat  —improvisación a partir de la voz y el sentido del jazz—, al ejecutar piezas antológicas, como Blue por Benny Moré o Blue por Chano Pozo, en las que recreó la  incitación del goce del instrumentista dispuesto a fundar o incitar en la creación de otro espacio para la divulgación musical. urú del afrojazz cubano, como considera la crítica internacional a Bobby Carcassés, vino a Santa Clara para prender una «chispa» en los  músicos y animadores culturales de su ciudad, Santa Clara, y revivir a la par los tiempos de adolescencia, cuando irrumpió en los escenarios teatrales, allá por 1956.La semana pasada, la fortuna del olvido involuntario de los materiales concebidos para una exposición personal y la imposibilidad del viaje de los músicos acompañantes, ofreció al público que asistió a la sede de la UNEAC, un modo y una forma particular de captar a Carcassés en cualidades de inusual pintor, integrador de talentos artísticos y ameno disertante sobre temas que domina a la perfección: el jazz y la inclusión de los ritmos cubanos.Nadie como ese showman, con su personalidad polifacética, para adentrarse en ese tipo de música surgida en el sur de los Estados Unidos, y enriquecida por el estro natural Luciano Chano Pozo, el percusionista cubano, cuando se vinculó a la banda de Dizzy Gillespie y Charlie Parker, con el propósito de delinear un estilo y una manera de encarar las improvisaciones en las secciones y formatos de las jazz-band.En la instalación cultural —pintó in situ—, mostró su Concierto virtual, con ocho originales dibujos que recrean una fértil imaginación relacionada con las posibilidades estilísticas y las formas de los instrumentos musicales, y no menos interesante resultó la conferencia relacionada con la «Inspiración en el jazz y la expresión cubana», vista desde la ejercitación y el conocimiento de las técnicas orientalistas del arte y la meditación Yoga, muy válidos en la respiración, la gimnasia básica, el campo electromagnético y la energía espinal.El mayor lucimiento lo cobró cuando invitó a músicos villaclareños a la realización de una descarga nocturna, y allí, junto a su fliscornio y la finura de la voz carrasposa, estuvo acompañado —en las secciones de piano,  cuerdas, percusión y viento metal—, por jóvenes deseosos de rememorar los tiempos en que el maestro Armando Romeu arribaba, sin que algunos lo esperan, a  Santa Clara y plantaba el atril y la batuta en los espacios locales.Todavía aquí se recuerdan aquellos aires renovadores de la Orquesta de Música Moderna, dirigida por Jesús Chú Rodríguez y asesorada por Romeu, así como los instantes fundacionales de los 80, con Raíces Nuevas y el inconfundible Pucho López o la sucesiva  formación de músicos de valía desperdigados en la actualidad por importantes agrupaciones cubanas o foráneas. La estancia de Bobby Carcassés en Santa Clara, y el sentido de su jazz timbero —título homónimo del CD que grabó en 1997 junto a destacados instrumentistas cubanos, incluidos Chucho Valdés, Changuito Quintana, Pancho Terry, Descember Bueno y...— dejó una huella tras la conclusión del recital que dio aquí el sábado pasado: organizar una peña informal que fusiones a talentos jóvenes surgidos o no en centros artísticos para que el género cobre vida entre nosotros.Las improntas jazzísticas tendrán que venir, dijo el músico durante un aparte, al elogiar la calidad del desempeño  de Roberto Pérez Eslezgaray, guitarrista y  sampling insustituible por su vocación artística cuajada en estos predios,  y de colofón sustentó que su concurso y animación están abiertos para plantar un «refugio sui géneris», donde el swing o el bop se enaltezcan con la inspiración y la sensiblidad clásica y contemporánea del género, captada desde la óptica de lo cubano.Tal posibilidad confirmaron estos músicos villaclareños «insertados  ahora en el acompañamiento de mi fliscornio», precisó Carcassés, dotado de las cualidades del scat  —improvisación a partir de la voz y el sentido del jazz—, al ejecutar piezas antológicas, como Blue por Benny Moré o Blue por Chano Pozo, en las que recreó la  incitación del goce del instrumentista dispuesto a fundar o incitar en la creación de otro espacio para la divulgación musical. 

René, el visitador folklórico

René, el visitador folklórico

Por Luis Machado Ordetx                                            «Un pueblo sin tradición es un pueblo sin porvenir                                                            Alberto Lleras Camargo¡ESPÍAS!, sí, un séquito de delirantes informadores —directos, propios, adicionales o ajenos—, tiene en su comarca. Claro, no podría ser de otro modo el misterio que,  por décadas, dispone el escritor en los asientos guajiros de Camajuaní, sitio donde ostenta  un plantío seguro para hurgar y colectar fantasmagorías sobre muertos, aparecidos, madres de agua, güijes, bandoleros, jinetes sin cabeza, velorios, personajes populares y...Jamás podrá existir otra razón para ubicar ahí a René Batista Moreno, un filigranista que atrapa el gesto o la palabra inverosímil en la conmoción de la risa, incluso del choteo y el humor, conseguida gracias a una despierta oralidad  cuentística.Un toque de distinción ganó,  a saltos de duro bregar, desde que vino al mundo, allá en 1941, por las cercanías de la colonia cañera «La Ofelia», y cuando, de la mano de la tía materna Luisa, se internó en incontenibles visiones que luego lo impulsaron a «cazar» los vericuetos del folklore campesino, popular y de la cultura tradicional.Como enjambre latiente, también envuelve las lides parranderiles entre los barrios Chivos y Sapos de su terruño natal, fiebre que lo sostiene en tensión como un «aparente o distante» observador.Nada escapó desde entonces a su mirada escutradora, de águila en acecho, y de pantera ennoblecida. Por trillos y guardarrayas persiguió hasta las «sombras de los árboles» para, en un susurro, proteger del tiempo lo mejor de las anécdotas recopiladas. Ahora está aquí, casi a flote con una carga de libros escritos y otros por nacer.En Cuba, que conste, Batista Moreno constituye el mayor émulo de Samuel Feijóo Rodríguez [San Juan de los Yeras, 1914-La Habana, 1992], en los pesquisajes de todos los valores encerrados por la cultura popular, en un hacer rumoroso que recorre otros territorios, con el propósito de conseguir refraneros, dicharachos, costumbres y hasta las nimiedades que sugen al instante.Tal vez, ahí estribe el garbo periodístico y el ejercicio profesional que lo acompaña, y del por qué, con los años y el sedimento de una treintena de libros publicados. Méritos sobran a este hombre autodidacto, con una experiencia inabarcable en la realización investigativa y hasta en la profesión de gastrónomico, para sumergirlo dentro del franco diálogo.Desde que lo intimé en amistad, dos décadas atrás, en un oficio que jamás desdeñó —como cajero-cobrador de una pizzería—, era un inquisidor en el «reclutamiento bondadoso» de ciertos «espías» que  lo nutrían de fabularios y de las pistas de personajes vivientes o fallecidos, con los que luego conformaba fichas  llevadas al papel impreso o las fotografías.LECCIONES DE FEIJÓOUnos 30 años tenía Batista Moreno cuando entabló una singular relación de trabajo con el poeta, narrador y folklorista de San Juan de los Yeras, y juntos deambularon por los campos cercanos a Camajuaní, con el afán adentrarse en las tradiciones populares formuladas por las comunidades de isleños y sus descendientes. La misión: trasladarlas con ciertas individualidades de la narración oral a las publicaciones impresas.

  • ¿Cuáles fueron las aportaciones de Samuel durante casi una década de visitas ininterrumpidas a la vivienda familiar?
«Cuando entablamos las andanzas, sería en 1968 con el número 3 de la revista Signos, hasta el recuerdo del 36, último que confeccionó —perdido en el trasiego burocrático tras su repentina enfermedad en 1992—, dejó muchas historias, vías de ejecución de su método empírico de trabajo, muy similar al que yo utilizaba, así como el impulso de la promoción cultural y el sentido por lo justo.«En algunos instantes sus enseñanzas fueron casi nulas, por el estilo investigativo que acumulé al verificarlo todo, para disminuir los márgenes de posibles errores por omisiones  involuntarias, y a veces se reía al asemejarme con una “tortuga”, cosa que contribuyó a que, con el tiempo, diera un acabado preciso al estilo, las historias y las vivencias recogidas en libros medulares como las compilaciones Músicos populares camajuanenses; Juan Ruperto Delgado Limendoux: combate poético; Paisaje habitado, así como las investigaciones Los bueyes del tiempo ocre; Ese palo tiene jutía o Yo he visto un cangrejo arando y...»
  • Eres un poeta trunco, tras los lauros que recibieron Componiendo un paisaje y Concierto para cuatro gatos. ¿Donde reside el calor de tus investigaciones?
«Precisamente en el lirismo escondido en las entrañas de los hombres, en sus mitos y leyendas, en las historias incólumes y delirantes de un pueblo como Camajuaní, que además te atrapa por la tradición folkórica. Ahora acabo de concluir Fieras broncas entre Chivos y Sapos, una amplia cronología e investigación sobre las parrandas, desde su surgimiento hasta el año pasado, y será como testamento a ese tipo de festividad y a las particularidades arraigadas en este territorio cubano.«Historia, folklor y cultura, tal como conoces, siempre andan cogidas de manos, y por eso, al reconstruir el pasado retomo la memoria y confirmo un documento para el conocimiento colectivo».
  • ¿De ahí ese privilegio por lo periodístico?
«Sí, el periodismo es ciencia, y representa un soporte para la indagación y la pesquisa, en la cualidad científica —aunque mi metodología tiene sus particularidades empíricas alejadas de los conceptos tradiciones—, con la intención de comunicar un sentido a la inmediatez del que cuenta y narra la historia.«En las labores de campo, parado en una esquina, ahora como editor de la revista Signos, antes como gastronómico, y también entre el susurro de las dísímiles aves pueblerinas de la campiña o atrapado en una guardarraya, la entrevista, tiene sus esencialidades en la búsqueda de los hechos y las circunstancias en que se debaten los hombres.«No uso grabadora, sino tomo notas, hago apuntes, solicito fotografías, documentaciones, y por fin, después de agotar posibles dudas, satisfago las exigencias de los textos, para luego darlos por concluido tras el cotejo o el contraste de las fuentes».  
  • ¿Cuáles complacencias tienes, ahora que eres el principal testimoniante de las fabulaciones de Feijóo, como tesorero de mucha papelería cotejada con el tiempo, y estás amparado por lauros para Cultura Cubana?
«Casi todas vinieron como un golpe, después de los 60 años; pero no hay envanecimientos, sigo siendo aquel muchacho que atontado escuchaba historia, sentía gusto por el humorismo, la investigación, el choteo del cubano, el olor a tinta impresa —como en la época de las editoriales de Hogaño y del Museo Hermanos Vidal Caro—, del periodismo puntual y de gabinete, y soy absolutamente fiel a mi pueblo, ese que contra viento y marea conserva con celo sus costumbres y tradiciones.«Por ahora no voy a fallecer. Debo a muchos, sobre todo a mi esposa e hijo la tolerancia por las desatenciones que incitan la investigación culturológica, antropológica y folklórica, a la vez que sostengo inalterables los recuerdos y la obra fecunda aquilatada por las constantes “samueladas”; y también a todos los que aún creen, como dijo el creador de Signos, que “'Si la naturaleza me puso aquí, ahí me muero”, con el humor y las enseñanazas diseminadas por cualquier trillo en que se desenvuelve el más sencillo de los hombres, al punto de considerarme un visitador de cualquier hora».Sin cerrar ningún capítulo, con una fecunda realización espiritual como escritor      —porque cada libro testifica un complemento del otro—, René Batista Moreno funge en cualquier predio con rango de visitado folklórico, en la disposición de  reconstruir y contrastar la historia contenida en la memoria del más anónimo de los mortales; distinción esa que acumula con marcado aprecio dentro de las cuestas propuestas para cada amanecer.                  


[1] Publicado con el título: «René, el visitador folklórico», en Vanguardia, xliv(48):6, Santa Clara, Villa Clara, sábado 8 de julio de 2006.

Cántiga por San Juan de los Remedios

Cántiga por San Juan de los Remedios

Por Luis Machado Ordetx REMEDIOS, a propósito con el San Juan Bautista, el pasado 24 de junio, tuvo el advenimiento del 491 aniversario del asentamiento poblacional español      —erigido con el decurso del tiempo en Octava Villa de Cuba, título conferido en 1545—, entra en un debate entre el conjuro y la duda asentada con el tiempo por las acuñaciones de la historiografía.Anales científicos y conclusivos, esos que aporta en la efusividad Rafael O. Farto Muñiz, historiador y seguidor de las originales documentales del Adelantado Diego Velázquez, incluso de la testamentaria de Fray Bartolomé de las Casas, hasta nuestros días, jamás perjurará que la fecha exacta de la fundación no sea otra que1513, después de constituida Baracoa.Dice, con precisión, que ocurrió antes del surgimiento de Bayamo, hecho que entre el mítico protocolo histórico-cultural, situará a los residentes de aquí en la soberana existencia como segundo pueblo con denominación española en la Isla.Las pruebas son corroboradas, como en eufonía, en foros investigativos: la antigua demarcación de Santa Cruz de la Sabana de Vasco Porcallo de Figueroa, luego la legendaria San Juan de los Remedios, consigue ahora, este sábado 24 de junio, fecha del San Juan Bautista —Santo Patrono—, la recia incertidumbre de dos fechas cruzadas: ¿1513 o 1515?, y aunque la primera esté demostrada en teoría, carece todavía de la evidente aprobación gubernamental.Una y otra se sustentan en envidentes conspiraciones desatadas por el insoslayable esplendor cultural, ese que el natural o radicado en las inmediaciones tiende a sublimarlo hasta el misterio, y el transeúnte disfruta de rarezas contenidas en el más lóbrego o esplendoroso de los inmuebles, para conformar el detalle y la armonía de las épocas, esas que aparecen contenidas en las altas aceras de lajas, las paredes de piedra de cantería y los altos techos de rojizas tejas o la fronda de los árboles y el espejismo de los vitrales.Allí, casi al encuentro de la mano, trascienden costumbres, mitos y tradiciones, en original manera de desplegar el conocimiento de esta porción noroeste de Villa Clara, donde, entre diente de perro y tierra roja, hay una decantación del remanso fluvial o el resplandor marino y la floresca campestre.Nada del hacer de la Cultura, numerada la efusividad de las festividades populares —la parranda—, con los furibundos encontronazos entre los parciales y sus tonalidades musicales, resulta ajeno a un asentamiento que alberga la hidalguía de la conservación de la historia, aun cuando en otro tiempo, la congoja por la pérdida de muchas papelerías sobreponga ausencias del dato preciso.No obstante, allí donde pululan ocho entradas diferentes para adentrarse en el conjuro de la comunidad, enaltece el deseo y la ecuanimidad de la demostración y del engradecimiento colectivo.De la historia y la trascendencia conseguida por la denominada Octava Villa de Cuba, con sostenido, no existe espacio pequeño o largo para el diálogo, la reflexión o la escritura: un vasto universo la toma en cada acontecimiento, al situarla entre lo autóctono del innegable paso de los ancestros y sus hombres en sitios que, como constantes, resisten como bestial potencia, el resurgir definido de una época: su historia.  

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